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viernes, 20 de julio de 2018

La historia de la esclava Ródope, el origen egipcio de la Cenicienta.


La historia, cuento o leyenda de Ródope fue recogida por varios autores griegos, aunque existen versiones muy diferentes, todos ellos sitúan los hechos en Egipto. Ródope, en griego clásico, significa “mejllas rosadas”. Esta es la versión más parecida al cuento que después se extendió por Europa.

Ródope era una bella muchacha nacida en Grecia que había sido raptada por unos piratas y vendida en Egipto. Su amo era un anciano, buena persona, pero que no se enteraba de lo que ocurría en su hogar y, por tanto, no sabía que las criadas libres que servían en su casa se reían de Ródope por el color de su cabello rubio y sus ojos verdes. Además, la piel de las sirvientas era de un tono cobrizo, mientras que la de la esclava era muy pálida y sus mejillas se sonrojaban fácilmente con el sol. La apodaron Ródope y con ese nombre pasó a la historia.

Ródope tenía como únicos amigos a los animales de la casa y de las orillas del Nilo, pues las otras chicas la hacían cargar con las tareas más pesadas. Un día su amo la vio bailando cuando se encaminaba al río y, asombrado por su talento, le regaló unas sandalias rojas y doradas para que llevara los pies cubiertos. A las otras muchachas las roía la envidia.

Pasado un tiempo el faraón se hallaba en Menfis y convocó a todos sus súbditos a una gran fiesta. Las chicas, incluida Ródope, se engalanaron para el acontecimiento, pero al momento de salir, obligaron a la esclava a quedarse a terminar unas tareas, de manera que perdió el transporte, una balsa, que iba a llevarlas a la ciudad. Desolada, se acercó al río a ver a sus amigos los animales. Se descalzó y al dejar las sandalias en la orilla, un halcón se acercó volando y le robó una de ellas. Ródope no dijo nada, ya que intuyó que era el dios Horus el que se había llevado el calzado. Se volvió a la casa guardando la sandalia que le quedaba entre sus ropas.

Mientras, el faraón observaba aburrido la fiesta, cuando un halcón depositó en su regazo una sandalia roja y dorada. Creyendo que era el propio Horus el que le enviaba una señal, recogió el zapato y empezó a buscar a la dueña del zapato por todo Egipto. Primero por tierra y luego en su barca por el Nilo. Llegaba a los embarcaderos y todas las muchachas del lugar acudían a probarse la sandalia. Recaló el navío cerca de la casa en que vivía Ródope y todas las sirvientas hicieron cola para probar suerte. Sólo ver la prenda supieron que era la de Ródope, pero no lo dijeron y la esclava no se atrevió a acercarse a calzarse la sandalia. Cuando acabó con todas, el faraón iba a marcharse cuando vio a Ródope escondida entre los juncos, la hizo acercarse y la invitó a probarse el zapato. La chica se la calzó y le enseñó la pareja que tenía guardada entre sus ropas. El faraón exclamó que la haría su reina. Las sirvientas protestaron diciendo que era extranjera, a lo que él contestó que Ródope era la más egipcia de todas ya que sus ojos eran verdes como el rio Nilo, su pelo tenía el color del papiro y la piel tenía un tono tan rosado como la flor de loto.

Como veis, la historia es realmente similar a la de Cenicienta, y no es la única leyenda o cuento semejante que se puede encontrar en otras culturas desde la antigüedad. En la propia Grecia, existían otras versiones de la historia, en la que Ródope era una cortesana y en China y Vietnam existen cuentos muy parecidos.

Lara, la ninfa a la que Júpiter ordenó cortar la lengua.


Cuenta el mito de Lara (también Larunda o Laranda) que esta era una náyade, es decir una ninfa del agua, hija del dios-río Almón. Era una joven muy bella, pero sus padres le recriminaban con frecuencia que no pudiera contener su lengua. Lara hablaba sin parar y revelaba secretos que no debía.

Júpiter se había enamorado de una ninfa llamada Yuturna, pero esta no le hacía caso. Como el dios no paraba de acosarla, la ninfa decidió lanzarse a la Tíber y esconderse en sus orillas. Júpiter llamó a todas las náyades y les ordenó que impidiesen que Yuturna se escondiese. Todas obedecieron menos Lara, que acudió donde estaba Juno, esposa de Júpiter, y le explicó lo que estaba sucediendo.

Júpiter enfureció y mando que le cortasen la lengua como castigo por hablar de lo que no debía. Una vez aplicada la sentencia, ordenó a Mercurio en su calidad de psicopompo que la acompañara al inframundo donde debía permanecer para toda la eternidad. Sin embargo, Mercurio se enamoró de ella y en el camino mantuvieron relaciones de las que nacieron dos hijos: los lares. El dios escondió a su amada en una cabaña en el bosque para que Júpiter no pudiera encontrarla. Finalmente, éste dio con ella y la obligó a vivir en los cruces de caminos, que según la mitología romana son lugares en los que también se cruzan el mundo de los vivos y el de los muertos.

Lara, al serle cortada la lengua, enmudeció. Por este motivo era venerada en Roma como diosa del silencio protegiendo de las palabras maliciosas y de la envidia. También se la conoce como “Tácita” y Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, inició su culto como “Dea Muta”, diosa muda, al considerar que en la política el silencio era tan valioso como la elocuencia. Se la relaciona con la tierra, los hogares y los fantasmas así como con los cruces de camino donde con frecuencia los romanos depositaban ofrendas de rosas y vino para implorar su protección. Sus símbolos son los hogares (fuego de la casa), la arcilla y los hornos.

Sus hijos, los lares, eran divinidades protectoras del hogar. Como dioses domésticos invisibles eran venerados en todos los hogares romanos.

¿Conocías a Lara? ¿Sabías que los lares romanos eran hijos de esta ninfa y de Mercurio?

¿QUÉ MUJERCITA ERES?