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martes, 29 de octubre de 2019

Monsieur Paul inspiración del señor Hegger.

Hoy os quiero traer algo muy especial para aquellos que están leyendo Villette de Charlotte Bronte.

Como muchos ya sabréis Villette es una de sus últimas novela de esta autora y se podría decir que es como una secuela de El professor.

Ambas novelas, fueron inspiradas, en un momento en que Charlotte y Emily estaban dispuestas a hacer su propio colegio, sin embargo, se sentían en la obligación de aprender Francés y Alemán. Se vería tiempo más tarde, que ese plan no tendría el éxito esperado pues no contaban con niños suficientes para abrir una escuela privada.

Villette es, sin duda, Bruselas y el internado de Madame Beck para señoritas, es El Pensionatt Heger, dónde Emily y Charlotte estuvieron tanto de alumnas como profesoras. 

En 1842 ambas hermanas, estuvieron trabajando y estudiando allí. Sucedió que mientras Emily, iba aborreciendo todo en Bruselas (ciudad, colegio, el director, etc) Charlotte se sentía encantada, pero sobretodo, por que se había enamorado del director M. Hegger. (que además es un hombre casado)
Emily no tarda en darse cuenta de todo ello, y si ya se encontraba mal de salud, empeora al conocer esa noticia. 

Pero afortunadamente para ella, pronto una desgracia hace que regresen a casa. Su tía ha muerto. 

Tiempo después, Emily se niega a regresar a Bruselas decide quedarse como administradora de la casa y Anne se pone a trabajar como institutriz con una familia cerca de York, en la que también entra a trabajar su hermano Branwell.

Pero Charlotte, no puede soportar más tiempo alejada de su profesor y regresa al internado como profesora de Inglés. Heger no era, al parecer, muy agraciado físicamente, tenía una actitud autoritaria y, para colmo, estaba casado; sin embargo, era un personaje magnético que atrajo a Charlotte por la atención que le prestaba: le dio buenos consejos para su futuro desarrollo como escritora y leyó atentamente sus primeras tentativas literarias. En este sentido, no es extraño que el interés que Heger mostraba hacia ella entusiasmase a Charlotte, sobre todo después del desprecio sufrido unos años antes por Southey.

Pero cuando Charlotte se muestra enamorada, la esposa de Heger comienza a sospechar que algo le sucede a Charlotte con respecto a su marido y deja de dirigirle la palabra, cosa que también hace Heger, que toma partido por su mujer y se distancia cada vez más de su amante. Ella está convencida que Heger la ama, y odia a la esposa de Heger porque cree que ella es quien obstaculiza su unión. Pero todo queda en la imaginación de Charlotte. Las cartas que ella le escribe durante meses van a parar a la basura sin ser abiertas (aún se conservan porque la esposa de Heger las rescató). Esta situación dura seis meses, tras los que, finalmente, ella entiende y acepta que su amor no es correspondido y decide regresar a Inglaterra. Allí fue donde escribió El profesor, su primera obra, que no fue publicada hasta después de su muerte.

Hasta aquí un pequeño prólogo...

Las siguientes imagenes que os dejo a continuación son Monsieur Paul y los señores Hegger.

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miércoles, 23 de octubre de 2019

VILLETTE

Quiero hablaros de la novela Villette de Charlotte Bronte, un libro que no he comentado nunca por aquí.

Y la verdad es que es un libro que no recomiendo. ¿Porque no? Porque tiene a una protagonista de lo más aburrida y no hace nada para cambiar su destino, aparte de trabajar en un internado para señoritas.

ALERTA PORQUE VOY A HACER SPOILERS ASI QUE QUIÉN NO HAYA LEIDO EL LIBRO QUE NO LEA MÁS.

Lucy, como sabemos, vive en Inglaterra, pero decide cambiar de residencia, al encontrarse sin trabajo. Piensa que hay una mejor oportunidad si se va a vivir a Francia, Villette. De hecho, su destino no está del todo cierto, hasta que en un trayecto conoce a Ginevra Farnshawe, cuyo destino es ese internado y piensa que allí quizá tiene una posibilidad.

A partir de que es aceptada para trabajar Lucy no hace nada sino limitarse a aceptar el destino que le toca vivir. Desconoce dónde vive su madrina y su hijo, hasta que el destino también los logra unir en la misma ciudad un día que la dejan sola en el internado mientras estan de vacaciones.

He aquí una cuestión que mientras leía el libro no pude evitar pensar. Lucy antes de dejar Inglaterra trabajó, Se me hace muy dificil pensar que a pesar de poder tener lo básico, Lucy no disponiese de ahorros sino para llegar hasta Villette simplemente. ¡NO!

Bueno en fin de creyendo que no dispusiese de ahorros, como nos hacen creer y llega al internado de Madame Beck se encuentra con personajes con los que no le gusta vivir. Madame Beck es una persona controladora hasta tal punto que le gusta revisar las pertenencias privadas de Lucy. Otro personaje es su primo, Paul, que no hace nada más que criticarla y educarla, como si de una niña del colegio se tratase.

Por fortuna como digo, se encuentra con su madrina durante las vacaciones donde la dejan sola. ¿Pero Lucy, acaso tenías que perder el contacto con tu madrina desde que dejaste Breton? Me enfada ver como se cree tan insignificante que no hace nada, ni siquiera atreverse a continuar una amistad que desde el principio del libro se anuncia.

El caso es que se encuentran y renuevan la amistad perdida. Durante ese tiempo vemos como se estrecha más la amistad entre los jovenes y hasta conocemos el amor que siente el doctor por Ginevra, cuyo protector es el señor Home, el padre de la pequeña Polly, la niña que vivió con Lucy y su madrina la última vez que estuvieron allí. 

Lucy sabe como es Ginevra pero el doctor esta tan enamorado que no logra ver su verdadero caracter hasta un dia en un concierto, cuando desaira a su madre. Es entonces cuando conocemos a la pequeña Polly, ahora Paulina que ya es toda una mujer.

Lucy vuelve al internado con la gente a la que odia a pesar de que Polly, le dice de ser su señorita de compañia. En ese momento, nuevamente me enfadé porque Lucy no aceptó, teniendo la posibilidad de estar más tranquila, con sus amigos y no solo eso, sino que ganando más dinero para ser una mujer independiente y tener un colegio, como dice que quiere más adelante. 

En definitiva, no hago sino que odiar a la protagonista por ser tan sumisa y aceptar las cosas que pasan sin intentar cambiarlas a su favor. Viendo los que tiene alrededor, ellos aprovechan las oportunidades, menos ella. Incluso Ginevra, cuyo origen es plebeyo, se junta con la corte real y la aristocracia porque se aprovecha de su tio, benefactor. Madame Beck, aprovecha cualquier ocasión que tiene para salir airosa de todo lo que le pueda suceder y Monsieur Paul, no hace sino que sentirse orgulloso de sus logros delante de todos y demostrar un aire de superioridad al que no alcanzo a comprender como Lucy no hace mucho más para que no se maltratada de esa manera. Incluso me enfada que se enamore de él, cuando descubre que el pasado de M. Paul y hace que no sea tan malo a sus ojos.

También me enfada ver como tiene que ser el mismo Monsieur Paul quién le consiga un colegio al final. Que ella por mucho que diga querer hacer, solo deja pasar la vida sin aprovecharse de las oportunidades y sin hacer nada más que trabajar. El concepto que tiene Lucy, que no merece tener amistades ni relaciones amorosas, me disgusta. Que después de tener una relación con los Bretton la vuelva a perder me enerva. Y que no haga por saber de ellos, pues tampoco me gusta. Esa visión que tiene de como tiene que ser no corresponde con la que le tocaría demostrar. Podríamos incluso decir que Lucy es todo lo contrario a Jane Eyre, con las mismas condiciones de vida. Y eso, me asombra mucho, teniendo en cuenta que se trata de la misma escritora.

De ser Jane Eyre, Lucy, seguramente habría cambiado su destino y habría hecho por tener un internado sin dar cuentas a nadie. Se habría ido de allí a la mínima oportunidad, aprovechando cualquier oportunidad y dandole igual que pensasen de ella. Lucy sin embargo, me disgusta que no sea así y no tenga genio.

En cuanto a Ginevra, me parece un personaje muy bien descrito, incluso más que Paulina, que parece ser la misma versión que Lucy pero en aristocrata y sin problemas. No consigo entender porque casi sin hablarse ambos después de encontrarse, el doctor le envia una carta de amor cuando en ese tiempo esperaban muchos meses antes de tal declaración y cuando ya se habían visto muchas veces. 

Paulina no es la misma y el doctor tampoco pero tienen que estar juntos. Pero Ginevra, al ser lo contrario que una persona modosita, me gusta mucho más. Cierto es que tiene unos atributos que no son los adecuados para una señorita y que tiene celos de su prima, pero por eso, tiene más profundidad ese personaje y que se case con el conde de Hamal simplemente porque se ha casado su prima me encanta, porque demuestra hasta que punto ve la oportunidad de ser rica y feliz como lo es su prima, aunque es más que evidente que se trata más de celos por la felicidad de su prima y el doctor.

Francamente no sé que más añadir que no haya dicho ya. Si algo tiene de bueno el libro será el concepto de la sociedad de la época y de los modales que tenía que tener una dama por ese entonces. Un libro del que se puede aprender si se busca información de la época.

Por otro lado, en alguna que otra ocasión Lucy me pareció enamorada del doctor aunque quizá sean imaginaciones mías. Sin embargo, no encuentro motivos por el que se ha de enamorar alguien, cuando se descubre que una persona tiene una faceta dulce que desconocemos cuando ha sido cruel casi toda la parte del tiempo. Pero Lucy sabrá de sus motivos...jajaja Si, es verdad que hay escenas dulces entre ellos, pero son demasiado breves como para que puedan cambiar el parecer de una persona y enamorarse perdidamente. ¡No tiene sentido! ¡Y aunque el profesor es consciente de su comportamiento hacia ella y cambia (todo hay que decirlo) para mí no se ve el suficiente cambio para que haya Lucy de enamorarse! ¡No es el mismo cambio que se le ve a Darcy hacia Lizzy cuando ve que se equivoca con ella! Para mi que Charlotte pensó que tenía que acabar el libro bien y casada. Y no solo eso, sino que Paul era en verdad un profesor el cual estaba completamente enamorada y al no poder estar juntos en la realidad seguramente lo hizo en la ficción. Paul se trataba de un hombre casado y Madame Beck era su esposa el cual en el libro hace que sea su prima, Si no podían estar juntos por lo menos estarían juntos en la ficción lo mismo que ocurre con el libro de Agnes Grey con el párroco.

Otra cosa más que supongo que sabréis la mayoría es que todo este drama tiene que ver con sus experiencias que tuvo Charlotte cuando estuvo de profesora en el Internado de Bruselas. De hecho, Villette y el pensionatt es en realidad Bruselas. Podréis encontrar fotografias reales de los lugares en otra publicación que hice. Los mismos lugares que Lucy visita; el parque, el internado, el trayecto que hizo..cosas muy interesantes que me gustó compartir con vosotros, clasiqueros.

Y ahora es vuestro turno. ¿Qué opinión tenéis de la novela y de sus personajes? Espero ansiosa vuestros comentarios. Gracias.

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viernes, 20 de julio de 2018

Cuando Charlotte Bronte leyó a Jane Austen.

Brontë leyó a Austen por primera vez (Orgullo y Prejuicio, por lo menos) en 1848, cuando tenía 32 años y ya había publicado Jane Eyre. Lo hizo a raíz de las alabanzas del crítico G.H. Lewes, a quien la novela gótica de Brontë le gustó, pero Jane Austen parecía gustarle más. Brontë cogió entonces Orgullo y Prejuicio, lo leyó, y escribió un par de misivas al crítico (con una de respuesta de él por el medio, pero que no se conserva) explicándole que no entendía esa fascinación general con Austen.

“¿Por qué le gusta tanto Jane Austen? Es algo que me tiene perpleja“, decía Brontë en su primera carta, en la que definía Orgullo y Prejuicio como “un lugar común; un jardín cuidadosamente vallado y cultivado, con bordes limpios y flores delicadas; pero ni un atisbo de una fisionomía vívida y luminosa, ningún campo abierto, nada de aire fresco, ninguna colina azul”. La respuesta del crítico debió de ser airada, según se desprende de la segunda carta de Brontë. “Dice que me debo familiarizar con el hecho de que “la señorita Austen no es una poetisa, no tiene “sentimiento”… ni elocuencia, nada del entusiasmo arrebatador de a poesía”; y a continuación añade que debo “aprender a reconocerla como una de las grandes artistas, de las grandes pintoras del carácter humano””. Charlotte no entiende. “¿Puede existir un gran artista sin poesía?”, se pregunta.

Esta no fue la única ocasión en la que Brönte se despachó a gusto sobre la reina de la novela romántica. Su crítica principal, que expresó en una carta al editor W.S. Williams (otro fan de Austen) en 1850, era la falta de pasión que encontraba en sus textos. En este caso se refería a Emma, de cuya autora afirmó:

“Hace curiosamente bien su trabajo de delinear la superficie de las vidas de los ingleses refinados; hay una fidelidad china, una delicadeza de miniatura en la pintura: no altera a su lector con nada vehemente, no lo molesta con nada profundo: las Pasiones son unas perfectas desconocidas para ella; rechaza hasta una relación superficial con esa tormentosa Hermandad; incluso a los Sentimientos no les otorga más que un reconocimiento ocasional, agradecido pero distante; conversar con ellos de forma demasiado frecuente disturbaría la suave elegancia de su progreso”.

¿Eso es todo? No. Charlotte Brontë no se limita a criticar los libros, sino que tiene muy claro que “Jane Austen era una señora absolutamente sensata, pero una mujer muy incompleta y bastante insensible (que no insensata)”, consciente de que lo que está diciendo posiblemente sea algún tipo de “herejía”, pero que está dispuesta a “correr el riesgo”.

Leer los textos de ambas autoras deja muy claras esas diferencias, algo también bastante curioso en dos mujeres que vivieron vidas casi paralelas: hijas de clérigos, con muchos hermanos, muy cercanas a sus familias, fueron a colegios internados en los que casi mueren (a Brontë se le murieron dos hermanas ahí) y acabaron sus educaciones siendo tuteladas por sus padres. Publicaron bajo seudónimos y lograron subir en el mundo editorial pese a no tener contactos en él. En lo personal, además, ambas rechazaron proposiciones de matrimonio y murieron jóvenes de tuberculosis.

Pero Jane Austen era el sentido y Charlotte Brontë la sensibilidad. Quizá si hubiesen coincidido en el tiempo se hubiesen hecho amigas. O quizá hubiesen protagonizado uno de los mayores antagonismos literarios de la historia.

Las cartas de rechazo que recibió Charlotte Brontë.


Charlotte Brontë, hija de un pastor anglicano y nacida en 1816, se dedicó a escribir novelas, como algunas de sus hermanas. Tras escribir Jane Eyre, decidió enviarla a un editor para que fuera publicada, mientras sus hermanas avanzaban en obras que también son hoy hitos de la literatura, como Cumbres Borrascosas, escrita por Emily. Aquel primer editor le respondió a Charlotte Brontë con una carta de rechazo. Pero eso no bajó de su empeño a la dama.

Envió otra vez el manuscrito buscando editor, pero con el mismo resultado. Hubo un tercer rechazo, y un cuarto, un quinto… y así hasta el decimoquinto, que también fue rechazo. Nada más y nada menos que quince editores rechazaron publicar Jane Eyre. Sin duda uno diría que le sentido común aboga por meter aquel manuscrito en un cajón y comenzar de nuevo, pero Charlotte no pensaba de ese modo y siguió intentándolo.

Y entonces llegó una carta con el siguiente texto: “He pasado la noche entera leyendo su novela. Es fantástica. La publico”.

Y así comenzó la carrera de una de las escritoras más reconocidas y famosas de la historia de la literatura. Una mujer que no tiró la toalla a pesar de quince cartas de rechazo.

¿Que podemos sacar de esta historia? ¡NO OS RINDAIS NUNCA! 

Cómics Jane Eyre y O&P ¿Quién los tiene?


Yo vi el de O&P en una libreria, y no lo recomiendo. Claro que, los comics son para adolscentes y yo, ya no lo soy.

Quizá para a las jovenes del grupo, os haga gracia, tenerlos y juntarlos junto a vuestra colección Austen y Bronte.

¿Qué pensáis?

jueves, 19 de julio de 2018

Las cartas de amor de Charlotte Brontë.


Charlote Brontë no solo se dedicaba a recrear grandes historias de amor en algunas de sus novelas, también sabía lo que era experimentar esa pasión devastadora en carnes propias. Y es que durante años estuvo enamorada de un profesor belga, casado, con cinco hijos, y que además, no le correspondía.

Cuando eran veinteañeras Charlotte y Emily Brontë fueron a Bruselas a estudiar en el internado femenino Pensionnat Heger, donde a cambio de clases de inglés y música (que daban, respectivamente, Charlotte y Emily) podían asistir al resto de las clases. Estaba dirigido por la señora Zoë Heger y su marido, Constantin, que era también el profesor de literatura francesa y quien sirvió de clara inspiración para el serio profesor Paul Emanuel en la novela ‘Villette‘.

Pero además Charlotte se enamoró locamente de él, a pesar de que no tenía ninguna posibilidad y estaba siempre bajo la atenta mirada de su mujer. Incluso cuando dejó Bruselas y volvió a Inglaterra, seguía siendo incapaz de olvidarse de él. Por eso le escribía cartas, al principio, varias a la semana, y después, a petición de la señora Heger, solo una cada seis meses.

La mayoría de esas cartas se perdieron. Solo cuatro han llegado hasta nosotros y no sin dificultad. Están recosidas, y se cree que Constantin las tiró a la papelera, y fue su mujer quien las buscó allí, recompuso los pedazos y las volvió a coser. Están escritas en francés, un idioma que, según ella, “es el más preciado para mi porque me recuerda a usted -amo el francés en su honor con todo mi corazón y mi alma”. Comprobaremos leyendo algún fragmento que no eran comedidas precisamente, y muchos estudiosos consideran que al escribir en francés se permitía expresar sentimientos de una forma que no sería capaz en su lengua natal. En todo caso, lo que transmiten esencialmente es la tristeza del cariño no correspondido.

Lo vemos por ejemplo en sus confesiones sobre lo mucho que le cuesta atenerse a la norma de escribir solo cada seis meses: “El verano y el otoño se han hecho muy largos; a decir verdad, han sido necesarios dolorosos esfuerzos por mi parte para mantener hasta ahora la abnegación que me impuse a mí misma. Usted, señor, no puede concebir lo que significa; pero imagínese por un instante que uno de sus hijos fuera separado de usted, a 160 leguas, y que usted tuviera que estar seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin oír hablar de él, sin saber nada de su salud, y entonces entenderá fácilmente toda la severidad de una obligación así. Le digo francamente que he intentado olvidarle durante estos meses, porque el recuerdo de una persona a quien uno no cree que pueda volver a ver de nuevo y a quien, sin embargo, se tiene en gran estima, atormenta demasiado la mente; y cuando uno ha sufrido ese tipo de ansiedad durante un año o dos, está dispuesto a hacer cualquier cosa para reencontrar la paz. Yo lo he intentado todo; he buscado ocupaciones; me he negado a mí misma por completo el placer de hablar de usted, ni siquiera a Emily; pero no he sido capaz de superar ni mis pesares ni mi impaciencia. Lo cual, de hecho, es humillante: ser incapaz de controlar los propios pensamientos, ser esclava de un pesar, de un recuerdo, la esclava de una idea fija y dominante que gobierna despóticamente la mente. ¿Por qué no puedo recibir tanta amistad de usted, como usted de mí, mi más ni menos? Entonces estaría tranquila, tan libre que podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo”.

Y no ahorra palabras en la descripción de su inquietud, porque ya se sabe que todas las cartas de amor son ridículas: “Prohibirme que le escriba, negarse a responderme, sería arrancarme de mí mi única alegría en la tierra, privarme de mi último privilegio -un privilegio al que nunca consentiré en renunciar voluntariamente-. Créame, maestro, escribiéndome hace una buena acción. En tanto que creo que usted está complacido conmigo, en tanto que tengo esperanzas de recibir noticias suyas, puedo descansar y no sentirme muy desdichada. Pero cuando un silencio prolongado y tenebroso parece amenazarme con el alejamiento de mi maestro, cuando día tras día espero una carta, y cuando día tras día solo llega la desilusión para sumirme en una tristeza abrumadora, y la dulce alegría de ver su escritura y leer su consejo huye de mí como una visión vana, entonces me reclama la fiebre, pierdo el apetito y el sueño y languidezco”.

Además, ella misma reconoce que se conforma con muy poco: “Los pobres no necesitan mucho para vivir, solo piden las migajas de pan que caen de la mesa del rico, pero si se les niega esas migajas, mueren de hambre. No necesito mucho afecto de los que amo, no sabría qué hacer con su completa y entera amistad – no estoy acostumbrada a ella – pero mostró un poco de interés en mí en los días pasados cuando era su pupila en Bruselas, y yo me aferro a mantener ese poco interés, me aferro a él como si me aferrase a mi vida”.

Pero que la falta de amor causa estragos en ella: “Me digo a mí misma, lo que le diría a otra persona en un caso así: “Tienes que resignarte, y sobre todo, no angustiarte por una desgracia que no has merecido” Hice todo lo posible por no llorar ni quejarme, pero cuando uno no se queja, y se domina a sí mismo con la fuerza de un tirano – las facultades se levantan en rebelión – y uno paga por esa calma exterior una lucha interna casi insoportable. Día y noche sin encontrar descanso ni paz, si duermo me atormentan los sueños en los que le veo siempre grave, siempre taciturno y enojado conmigo . Perdóneme entonces señor si tomo la decisión de escribirle de nuevo, ¿cómo puedo soportar mi vida si no hago un esfuerzo para aliviar mi sufrimiento?”

Son cartas de amor intensas y dramáticas como deben serlo las buenas cartas de amor. Si quieres leer otras misivas apasionadas de grandes escritores, cartas de amor de escritores famosos.



¿QUÉ MUJERCITA ERES?