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miércoles, 23 de octubre de 2019

De profundis y ciertas curiosidades que os pueden gustar.


De Profundis es un manuscrito de vida agitada, escrito en prisión, dedicado a un amante, prohibido durante cincuenta años y editado de manera póstuma.

Éste resumen brutal es apenas una muestra de lo que podemos encontrar en sus páginas, las cuales manifiestan, literalmente, un lamento desde Lo profundo.

Los libros, aún los que podemos olvidar sin sentirnos culpables, contienen una historia que los precede y los justifica. Cualquier cuento, novela o poema, emerge de la experiencia del autor, de sus lecturas y de sus días; pero una carta tiene una naturaleza propia; comparte raíces con otros géneros, es cierto, aunque su carácter distintivo radica en que no está escrita para desconocidos.

La obra de Oscar Wilde posee algunos excesos estéticos, pero la lucidez y la agudeza de sus observaciones los justifican; conforman laberintos cerrados, fortalezas, cuyas puertas sólo se abren con la llave que el propio Oscar Wilde nos entrega.

Una vez dentro del laberito el lector es libre de vagar o de extraviarse. Es su derecho. El destino que marca su lectura nos pertenece, aunque la semilla del viaje no.

Ahora bien, Oscar Wilde había fue condenado a prisión por mantener relaciones licenciosas con el hijo de la áspera marquesa de Queensberry, lord Alfred Douglas. Cuando la marquesa se enteró de la relación atacó a Oscar Wilde a través de cartas incendiarias dirigidas a los sitios que el escritor frecuentaba, acusándolo de sodomita.

Oscar Wilde contragolpeó las difamaciones acusando de injurias a la marquesa. Se inició entonces un vertiginoso proceso judicial. El poeta perdió el litigio cuando el escándalo tomó estado público, y debió pasar dos años en prisión.

Durante esos dos años Oscar Wilde escribió De Profundis, que en definitiva es una epístola a lord Alfred Douglas, su amante.

Por orden de la justicia ningún manuscrito escrito en la cárcel de Reading debía cruzar sus muros. Los abogados del poeta debieron entablar largas negociaciones para que De Profundis permaneciera en su poder y no fuese debidamente quemado.

De alguna forma Oscar Wilde logró eludir la suspicacia de los guardias, y De Profundis fue entregado a su amigo personal, Robert Ross, un conocido periodista de la época.

Pero los avatares del manuscrito no terminan allí.

Ross realizó dos copias dactilografiadas de De Profundis, o al menos así lo aseguró luego, una de las cuales fue enviada al amante de Oscar Wilde, lord Alfred Douglas.

El noble juró hasta el día de su muerte que la copia de De Profundis supuestamente enviada por Ross nunca llegó a sus manos. La acusación bien pudo haber sido cierta, como luego veremos.

Oscar Wilde escribió luego una breve introducción al texto, más como muestra de afecto hacia su amigo que por verdadero interés en su publicación. En 1905, cuatro años después de la muerte de Oscar Wilde, Ross publicó una versión breve de De Profundis. Luego se supo que el manuscrito fue cruelmente mutilado por el periodista. Se censuraron cerca de las dos terceras partes de la carta y muchos pasajes fueron groseramente adulterados.

Pero lo absurdo del asunto no radica en la censura, sino en el comportamiento posterior de Ross. En 1909 donó el manuscrito original de De Profundis al British Museum con la condición de que no fuese publicado durante cincuenta años.

Afortunadamente, la segunda copia dactilografiada de De Profundis cayó en manos de Vyvyan Holland, hijo de Oscar Wilde, quien en 1949 publicó la primera versión íntegra de la obra.

El manuscrito original de De Profundis fue revelado al público recién en 1960.

Para no incurrir con el odioso hábito de la generalización, podemos pensar en De Profundis como una de las obras fundamentales de Oscar Wilde. Como prueba de esa afirmación citamos apenas un párrafo antes de pasar al texto propiamente dicho.

Detrás de la alegría y la risa, puede haber una naturaleza vulgar, dura e insensible. Pero detrás del sufrimiento, hay siempre sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara.

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Últimas frases de algunos escritores.


Ahora me iré a dormir. Buenas noches (Lord Byron)

¡Que Dios ayude a mi pobre alma! (Edgar Allan Poe)


Ten valor, Charlotte, ten valor (Anne Brontë)


Alce, indio (Incomprensible frase de Henry David Thoreau)
 

Incorpórame, quiero cagar
Pero los campesinos… ¿Cómo mueren los campesinos? (Lev Tolstói)
 

Se disipa la niebla (Emily Dickinson)
 

¿No es meningitis? (Louise May Alcott)
 

O se va él o me voy yo (Oscar Wilde. Al parecer se refería al papel pintado de la habitación, que no debía ser de su agrado. Ganó el papel pintado)
 

Ahora puedo cruzar las arenas movedizas (Lyman Frank Baum)
Eres maravillosa (Arthur Conan Doyle, dirigiéndose a su mujer. No es mal final para una vida)
 

Vete, estoy bien (Herbert George Wells)
 

¿Cuál es la respuesta? ¡Ah!, ¿cuál es la pregunta? (Gertrude Stein. Entre una frase y otra hubo un silencio)
 

¿En serio nadie la entiende? (James Joyce. Se refería a una obra suya, Finnegans Wake. Si supiera lo que piensan muchos de su Ulises…)
 

¡Mátame, o si no eres un asesino! (Franz Kafka)
 

Nacido en una habitación de hotel y ¡maldita sea! Muerto en otra (Eugene O’Neill)

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lunes, 30 de julio de 2018

John Gray, el auténtico Dorian Gray que murió por amor.

John Gray, el poeta, el amante y el sacerdote que murió por amor


John Gray era un joven excepcionalmente culto y atractivo. Dos dimensiones sin duda adorables para alguien del talante exquisito y original de Oscar Wilde. Para darte unas pequeñas pinceladas de cómo era este joven, te diremos que gracias a él se conoció en Inglaterra a los poetas simbolistas franceses. John Gray era un traductor reputado que nadaba a ambas orillas de la lírica y la traducción, ejecutando ambas artes con la misma eficacia. Además, era un funcionario de carrera con mucho éxito.

Oscar Wilde decía de él que tenía la fortuna de que su poesía, era aún más bella que su físico, de ahí que entre los círculos londinenses de artistas, el joven Gray fuera objeto de deseo por hombres y mujeres. Buen conversador, inteligente y atractivo, ensalzaba sin ninguna duda esa imagen que Wilde quería trasmitir en su novela de “El retrato de Dorian Gray”. Sólo existía una diferencia: John era de origen humilde, pero con su habilidad, inteligencia y dotes particulares, había conseguido ir escalando posiciones en la sociedad londinense con gran eficacia.

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Wilde, lo describía como “el adonis de marfil y hojas de rosa”. Siempre tenía la apariencia de un inocente adolescente. No importaba los años que pasaran, John Gray parecía inmune a la madurez e incluso a los efectos de esa vida de ligerezas y ostentaciones en las que se solía mover. Se sabe, que estuvo muy unido a Oscar Wilde entre los años 1891 y 1893, pero después la cosa se enfrió cuando éste último inició una relación íntima con Lord Alfred Douglas.

Esta relación con el joven Lord Douglas se alzó como todo un escándalo, de hecho, mucho antes de que Oscar Wilde fuera condenado a la cárcel por “corrupción” e indecencia moral, la sociedad ya empezó a criticar y despreciar ese tipo de comportamientos. Fue tan intensa esta persecución y repudia hacia la homosexualidad, que John Gray se sintió muy impresionado y herido, buscando de inmediato el refugio en la religión como medio de escape y forma personal de penitencia.

Su forma de escribir, su lírica y literatura cambió a partir de entonces, se volvió más mística, más delicada, más ascética. No obstante, cuando Wilde entró ya a prisión, su vacío y temor fueron más grandes, y acabó dejando su trabajo para ordenarse sacerdote en Roma. Más tarde, ejerció como rector en Edimburgo. Se dice también que los años siempre lo trataron bien, que era un hombre de exquisita belleza, que no solo contó con la fiel admiración de Oscar Wilde, sino también con el que fue su verdadero amor: Marc André Raffalovich, otro poeta y defensor de la homosexualidad, que, para apoyar la opción que Gray había elegido, también se convirtió al catolicismo.

Estuvieron juntos bastantes años, construyendo incluso un templo entre los dos en Morningside, donde Gray ejercía como sacerdote. Raffalovich acabó falleciendo repentinamente en 1934. Y John Gray, ese Dorian Gray de gran belleza pero de buen corazón, murió 4 meses después roto de dolor por no poder soportar la muerte de su secreto compañero.

¿QUÉ MUJERCITA ERES?